Estamos a la víspera del nombramiento de todos los candidatos a cargos de elección popular que habrán de disputarse este año y, no obstante que se trata de un acto estelar en la vida política, nada importante parece estarse despejando. Llama por ahí la atención una renuncia inesperada, una candidata prestigiada excluida, “saltos” puntuales de quienes aspiran a mejores posiciones, todo eso y más es el pan nuestro de cada día, aunque en medio de la “espotización” pocos acierten a distinguir cuáles son las grandes diferencias entre los que son postulados por un partido o por otro. Se ha impuesto un tono gris bastante menor, coincidente con la mala opinión que ya tienen de la política amplios sectores de la población. Algo anda mal, pero esta vez los problemas no están en la reglas o en el funcionamiento de las instituciones electorales, aunque nadie les ahorra la menor crítica. Hay puntos de la geografía nacional donde se cuestiona la propia realización de los comicios creando nuevos focos de alarma a los ya existentes. El malestar proviene de la incertidumbre cuando no del hartazgo o la desilusión. Por eso se habla de crisis política, pese a la retórica triunfalista y la ideología invisibilizadora de los últimos tiempos.

De La Jornada: Política http://ift.tt/1CagVRu
De La Jornada: Política http://ift.tt/1CagVRu
No hay comentarios:
Publicar un comentario