Muy graves han sido los hechos que marcaron el 2014 para la historia de nuestro país: a la tragedia de Ayotzinapa, al asesinato de 22 personas a manos del Ejército en Tlatlaya, a la aplicación de la ley bala propuesta por el gobernador de Puebla –con el saldo trágico de un niño muerto–, a la revelación de la serie de actos de corrupción en los que ha estado envuelto Enrique Peña Nieto desde su puesto como gobernador del estado de México y luego ya como Presidente de la República –sin dar una explicación convincente de su integridad–, a la ineptitud demostrada por varios de sus colaboradores –incluyendo al secretario de Gobernación, al procurador de justicia y al titular de Comunicaciones y Transportes–, se agregan día con día nuevos agravios a la nación, no sólo de estos funcionarios, sino de otros más.

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