Un repaso de los diferentes movimientos sociales que actualmente resisten al proyecto de nación encabezado, en un principio, por la colusión de partidos del Pacto por México y, después, de manera casi solitaria por Enrique Peña Nieto y el Partido Revolucionario Institucional, podría mostrar los puntos de derrame que hoy definen la crisis del sistema político creado en 1977. Nótese que ninguno de estos movimientos en sí ha provocado esta crisis. Se trata de afanes e impulsos ligados a demandas particulares, casi siempre aislados entre sí, que se oponen a algún aspecto de la política oficial y rechazan –tal vez esta sea su parte más positiva– cualquier intento de coordinación o dirección nacional, pero que se identifican por su capacidad de mantener la cohesión, sobrevivir a las medidas represivas y dar un nuevo sentido a lo que entendemos por acción civil.

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