En noviembre de 2013 se celebró en la ciudad de Oaxaca la duodécima Reunión Mundial de Ciudades Patrimonio, a la que concurrieron destacados especialistas de todo el mundo. Fue un merecido reconocimiento a la belleza de la capital de una entidad que se distingue por la herencia cultural de sus pueblos ancestrales. Uno de los asuntos tratados en dicha reunión fue la urgencia de respetar el medio ambiente en que están enclavadas las ciudades patrimonio por ser parte indisoluble de su paisaje histórico. En el caso de Oaxaca, el llamado fue muy oportuno, pues su crecimiento urbano ignora las normas mínimas de la planeación. El avance de la mancha de asfalto se hace a costa de los bosques y demás áreas verdes, fábricas de agua y oxígeno, y albergue de una importante biodiversidad.

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