El final de los días terrenales de don Julio S.G. han puesto de relieve su significado en la historia contemporánea: un espíritu indomable frente al poder. Él y unos cuantos, nunca muchos si los comparamos con las élites y las masas sumisas y oportunistas, han desafiado al sistema. Grupos, movimientos, líderes políticos, agrarios, sindicales, candidatos, intelectuales, periodistas, todos han sido vencidos, sin una excepción hasta hoy. El sistema ha demostrado tener recursos para destruir, anular, aislar a sus adversarios peligrosos, empleando siempre los medios necesarios sin ningún escrúpulo y sin más propósito que mantenerse en el poder. Es cierto que al fin de cuentas, al menos en la memoria histórica, muchas de las víctimas son los triunfadores. Por ejemplo: Scherer, víctima, es hoy un héroe. Encarna la quinta esencia de las virtudes que una época estima de un hombre. Y Luis Echeverría, su victimario, será recordado, si es que se le llega a recordar, como “el autócrata que destruyó Excélsior”.

De La Jornada: Política http://ift.tt/1y6uWzn
De La Jornada: Política http://ift.tt/1y6uWzn
No hay comentarios:
Publicar un comentario