Es tiempo de un cambio radical en nuestras formas de pensamiento. El mundo actual requiere transformaciones profundas en las estrategias políticas, económicas y sociales para alcanzar nuevas metas de desarrollo que permitan mejorar la calidad real de nuestras vidas, así como la creación de más y mejores oportunidades. Esta conclusión se aplica tanto a escala internacional como en el caso particular de México. Como lo he señalado en mis artículos anteriores, la creciente desigualdad en muchos lugares del mundo lleva implícita la contradicción entre los factores de la producción y los autores que la padecen y la experimentan, que seguramente terminará en grandes tensiones sociales y crisis políticas ligadas a la inestabilidad, ya que hasta hoy no se avizora un cambio drástico de objetivos ni de rumbo.

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