En 1990 la revista Vuelta organizó un encuentro internacional de intelectuales para discutir en la televisión la democracia como concepto y como práctica política, su historia y su futuro. En ese escenario, Mario Vargas Llosa incurrió en la cólera apenas contenida del anfitrión, Octavio Paz, cuando objetó que se tratara la experiencia mexicana como una excepción en la historia de América Latina. Según el escritor peruano, hoy también español, Paz se equivocaba cuando afirmaba que México había escapado a la dictadura militar que, en cambio, habían vivido la gran mayoría de los países de la región. La excepción podía hacerse porque la élite gobernante había sabido disimular la verdadera naturaleza dictatorial del sistema político y presentarlo ante el mundo como una construcción de origen revolucionario en proceso de formación democrática. Para Vargas Llosa el sistema mexicano era una “dictadura camuflada”, cuyas características distintivas eran las mismas que definían a las dictaduras militares. Por ejemplo, décadas de permanencia en el poder de un mismo partido y el control, cuando no la represión, de las oposiciones.

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