A Enrique Peña Nieto le gusta, pero, sobre todo, le conviene dejar huecos y retardar ciertas decisiones. Esa socarronería convenenciera es plenamente visible en el ámbito del combate a la corrupción. Hoy mismo, la República carece de tres funcionarios claves: no hay fiscal contra la corrupción, no hay fiscal contra delitos electorales y no hay procurador general en firme, sólo un encargado del despacho.
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