Con una dosis de humor negro, entre ellos se llaman “los correteados”. Son los periodistas que huyeron de amenazas de muerte, secuestros y atentados en sus lugares de origen. Desarraigados, radican en ciudades que les resultan ajenas y a veces hostiles, en condición de refugiados internos, lejos de sus querencias y sus empleos. Casi todos han dejado a un lado su oficio, el periodismo.
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