Lo que quieren es reportear, escribir, publicar y eventualmente regresar a su tierra. En las charlas con los periodistas desplazados, o correteados, como ellos se nombran, estos dos temas se vuelven recurrentes en cada conversación. Algunos consiguen retomar el ejercicio del oficio. Trabajan a distancia, siguen obsesivamente lo que sucede en sus estados. “Eso poco a poco nos permite levantar la cabeza. Porque el exilio y el silencio te matan por una fracción de tiempo”, comenta Gildo Garza, periodista, hijo de periodista y desplazado hace medio año. Otros no lo consiguen. Languidecen. “Nos vamos apagando”.
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