De su larga trayectoria, un observador extraterrestre, de mirada limpia por ajena, podría distinguir dos periodos bien distintos en la historia de la humanidad, que son incluso antitéticos o contradictorios. Uno va de sus orígenes como especie hace unos 200 mil años hasta hace unos 4 mil años. El otro va justo de esa época a la actualidad. El punto nodal que marca la diferencia es el paso de sociedades igualitarias a sociedades jerarquizadas. Durante largo tiempo el ser humano formó parte de comunidades autocomandadas regidas por la cooperación, la ayuda mutua, las reglas de parentesco y el disfrute colectivo de los bienes obtenidos de su entorno natural. Esas fueron lo que Marshal Sahlins denominó las primeras sociedades de la abundancia ( affluent societies) en su celebre artículo en Les Temps Modernes (octubre de 1968): bandas de cazadores, recolectores y pescadores y comunas aldeanas con agricultura y ganadería. Visualicemos. Hace 4 mil años el planeta era habitado por varias decenas de miles que representaban unas 12 mil culturas distinguidas por la lengua, y que una suerte de “sustentabilidad primigenia” para ponerlo en términos actuales, les permitió mantenerse y reproducirse en equilibrio con su entorno natural. Las primeras sociedades jerárquicas que aparecieron fueron los señoríos o jefaturas, y de ahí se pasó a los estados, con jerarcas apoyados por militares e iglesias. Del Estado despótico y esclavista se pasó al Estado feudal y luego al Estado controlado por el capital.
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