La renuncia sorpresiva de un ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación es una señal más de que las cosas están cambiando en México, es un dato que se suma a otros muchos que indican que la Cuarta Transformación no es una frase de campaña, es un quiebre histórico de fondo en el que participan un gobernante electo democráticamente, sin la mínima duda al respecto, un pueblo politizado y lleno de esperanza y un equipo de gobierno heterogéneo sin duda y, por tanto, representativo de un amplio espectro político de la población, a veces inexperto, pero siempre empeñoso, que pone el bien común sobre el interés individual o sectorial y lo más importante, convencido de que está haciendo historia.
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