Eran pocos, aunque muy combativos. Vociferaron al tiempo que arremetieron contra propiedades y personas. Un grito tal vez sea sintomático de algunas motivaciones que tuvieron para embestir la sucursal de la librería Gandhi situada frente al Palacio de Bellas Artes: “Leer es burgués”. Acaso la consigna era una reivindicación del primitivismo, concibiendo éste como estado idílico, anterior a las transformaciones agrícolas, tecnológicas e industriales que subvirtieron la naturaleza.
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