En mi texto anterior intenté teorizar sobre el fraude electoral; en él señalé su nacimiento, los agentes del fraude y la coparticipación de los agentes como un elemento esencial. Ahora intentaré analizarlo como un fenómeno de corrupción. Transparencia Internacional dice que el fraude electoral es una “corrupción a gran escala” y tiene razón, porque la violación a la voluntad popular, la alteración de los resultados electorales y la imposición de un gobierno abren las puertas a los peores latrocinios. Como decía Manuel Clouthier: “El que se roba las urnas después se roba las arcas”. Confirmación: el régimen de Carlos Salinas.
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