Miembros destacados de la opinocracia, en especial la opuesta a toda medida tomada por el actual gobierno, vuelven a sus andadas favoritas: la crítica persistente. La coincidencia tanto en tiempos como en argumentos es destacable como fenómeno difusivo. Inciden en un tipo particular de razones de acuerdo con el tópico dominante en estos días. El nulo crecimiento aparece de inmediato y atrae, como consecuencia, el asunto de la inversión privada, ausente, afirman, por causas de la nula confianza. Precisan que, muy a pesar de las reuniones celebradas en Palacio Nacional los capitanes de los grandes negocios privados sólo sonríen para la foto, los saludos y las promesas incumplidas. Los indicadores, bien se documenta, continúan estancados y provocadores. Acto seguido se desgranan los machacones pronósticos de fracasos terminales del Presidente y de sus políticas y programas. En ese terreno recalan las altas figuras de la orientación neoliberal, como Luis Rubio o Carlos Mayer Serra y sus muchos reconocimientos y espacios difusivos a cuestas. Se le suman aquellas constantes voces, algunas ya muy expuestas (D. Dresser), pero con innegable furia reiterativa, en cuanta oportunidad encuentran para acompasar al coro que predica la hecatombe en puerta. La variedad de la temática de esta última estrella del espacio público, compite y se adelanta incluso, a la variedad y multiplicidad de la agenda cotidiana presidencial.
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