La Paz. Ayer se consumó un golpe de Estado cívico, militar y policial en Bolivia, que obligó a renunciar al presidente constitucional, Evo Morales, así como a todos los funcionarios en la línea de sucesión: el vicepresidente Álvaro García Linera, la titular del Senado, Adriana Salvatierra, y el de la Cámara de Diputados, Víctor Borda, para evitar un baño de sangre. Al cierre de esta edición se desconocía el paradero del primer gobernante indígena de este país, y reinaba el caos, la violencia y la incertidumbre, con turbas atacando incluso su casa, la de su hermana, otros miembros de su gobierno, líderes sociales y oficinas del hasta ahora gobernante Movimiento al Socialismo (MAS), así como la embajada venezolana y amenazas a las legaciones de México y Cuba.
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