Al igual que ocurrió con la cocaína en los años 90, México ha dejado de ser país de paso para el tráfico de fentanilo y sus principales precursores químicos, para ser –además de una de las rutas del trasiego procedente de China– una zona de producción de esta sustancia 100 veces más potente que la heroína, a fin de distribuirlo en territorio nacional y a Estados Unidos.
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