No hay que confundir lo policial-militar con lo electoral. Y no hay que utilizar eufonías o atenuantes: en Bolivia se consumó un golpe de Estado desde una fase de amago del jefe de las fuerzas armadas de ese país que, de no haber sido atendida por Evo Morales, habría significado el uso abierto y extremo de las armas. Un golpe que fue la culminación de un proceso de exacerbación de ánimos sociales y de retos y amenaza final de mandos policiacos y militares a partir de un litigio electoral.
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