Para dar continuidad a la escalada de críticas que se ha potenciado desde la fallida detención de uno de los hijos de Joaquín Guzmán, El Chapo, los opositores al lopezobradorismo quieren convertir el asilo concedido al dimitente presidente de Bolivia, Evo Morales, en un emponzoñado pincel político que insiste en trazar líneas de similitud negativa entre el Presidente de México y determinados mandatarios latinoamericanos de izquierda, cuya figura y obra generan viva reacción adversa entre la derecha que sigue buscando una vertebración eficaz, en lo práctico y en lo discursivo, frente al tabasqueño políticamente jabonoso.
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