Desde hace más de dos sexenios el comportamiento de los narcos es el de una rebelión social cuya base la constituyen miles de jóvenes que no vieron otra opción de movilidad en el modelo de economía neoliberal. Buscaron acceder a una vida de confort, aunque en ello les fuera la vida. Junto con los adultos metidos a la empresa de las drogas estos jóvenes se concentran en todas las ramificaciones de actividades que genera ese tipo de economía alterna. Aferrados a su principal fuente de ingresos resistirán cualquier amenaza a su estatus. Estudios de investigadores y académicos de la Facultad de Ciencias Sociales (Faciso), de la Universidad de Sinaloa –campus Mazatlán–, como los de Arturo Santamaría, han mostrado que en esta economía, sus sectores se estratifican como en el propio capitalismo en clases altas y bajas, según quiénes sean los propietarios de la producción y distribución de enervantes y quiénes los asalariados; hasta la última categoría de burreros. Estos estudios de carácter regional, pero reflejantes de la realidad nacional, se han centrado también en la participación cada vez más protagónica de la mujer. Igual que en cualquier empresa, las actividades de sus asalariados incluyen profesionales del más diverso orden, como financieros, con la característica de su dispersión y clandestinidad. Quienes intervienen en los procesos técnicos y de orden contable y administrativos, difícilmente participan en operativos de ataque en la guerra entre cárteles.
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