La muerte de los 65 mineros de Pasta de Conchos –hace 15 años–, la de los siete trabajadores de Múzquiz, en Coahuila, –tras un derrumbe ocurrido el 4 de junio pasado–, y “decenas de personas más que desde 2006 han perdido la vida” a consecuencia de las condiciones de trabajo minero, “no son hechos fortuitos ni inevitables, sino resultado de la omisión de las autoridades y la ilegalidad de las operaciones de empresas carboníferas”, señalaron el colectivo Familia Pasta de Conchos y el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez. Indicaron que, a lo largo de los años, han documentado y denunciado que el modelo minero de pocitos de carbón y minitas de arrastre “se basa en condiciones peligrosas, insalubres e inhumanas para los empleados”.
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