La pasada fue una bondadosa elección. Aseguró que casi todos ganaran mucho y que sólo algunos tal vez perdieran hasta el registro. Pero el electorado fue a las urnas con ánimo de lograr dos propósitos: uno, certificar lo que se ha hecho, y dos, reajustar el tablero nacional. Deja sobre la mesa un conjunto de áreas sujetas a negociar aspectos cruciales de la vida organizada. Reafirma sus deseos de continuar por la senda de los cambios, sin dejar de entrever que algunos afectarán la estructura para darle un rumbo distinto a lo establecido en las décadas neoliberales.
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