Ni para qué negarlo: me moriré siendo un chillón. De este acontecimiento (morirme) no me libraré, obviamente, ni siquiera porque me hayan aplicado mi segunda vacuna de la difamada AstraZeneca. El biológico, como ahora se le llama a la inyección, no evitará de que me caiga un rayo de los que han azotado la ciudad en estos días.
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