En vuelo a Filipinas, el papa Francisco I sentenció que es buena la libertad de expresión pero atentos al tenue límite de la ofensa. Y habló de su santa madre. Dijo que si su amigo y colaborador que organiza sus giras ofendiera a su madre, él respondería con una bofetada. Que es reacción natural, respuesta instintiva, añadió el Pontífice. Por ahí precisaría un letrado que una cosa es el pecado, que se perdona, y otra muy distinta el delito, que se castiga.

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