Por más que hagamos, la inseguridad nos asedia y se ha convertido en una suerte de “contra mantra” en nuestra conversación cotidiana. No importa si los expertos dicen que la inseguridad no afecta el clima de los negocios ni las decisiones de inversión; tampoco importa mucho saber que las petroleras calculan sus riesgos y beneficios de cinco años en adelante. Lo único cierto por cercano, así sea de manera conjetural, es la violencia y su secuela de inseguridad, temor e incertidumbre.

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