Consummatum est. El 15 de diciembre, bajo la presión y el chantaje de las fuerzas armadas, sin debate y fast track, la Cámara de Diputados aprobó la ley de seguridad interior (LSI) devuelta por el Senado con modificaciones cosméticas cuatro horas antes, y la turnó al Ejecutivo federal para sus efectos (anti)constitucionales. Ahora, salvo un “milagro”, Enrique Peña Nieto terminará por doblar la cerviz ante el poder militar y México vivirá en un estado de excepción permanente, mientras se perpetúa la guerra de clases trasnacional impuesta por la “insurgencia plutocrática” (Robert J. Bunker).
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