Para aquellos que corrieron el riesgo de pensar, ojalá que con el fin del año y el fin de las palabras se acabaran las tribulaciones, las pesadumbres que han invadido el estado de ánimo de millones de mexicanos. Un fin de año turbulento en sí, no por ser portador de las tormentas típicas de las grandes revoluciones realmente transformadoras, sino porque sus borrascas no son para enorgullecer a nadie. Hay vientos huracanados que nos vienen de fuera, sí. El TLCAN, la inestabilidad europea por el Brexit, los hechos terroristas, el tema catalán, Trump y sus aberraciones, la última –ojalá–: el asunto de Jerusalén y sus consecuencias apenas esbozadas, mientras Putin se corona pacificador en Siria.
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