La víspera de su actual periplo latinoamericano y en el aniversario del inicio de su encargo frente al Departamento de Estado, Rex Tillerson decidió acudir a su alma mater, la Universidad de Texas en Austin, para ofrecer una primicia tardía: la visión de conjunto de la política de Trump hacia América Latina y el Caribe. El hecho de que haya tenido que transcurrir un año para formular esa visión y realizar una gira regional, con significado y alcance diferentes a las visitas a países específicos, es revelador del lugar no demasiado prominente que la región ocupa en el mapa mundial de prioridades de la diplomacia de EU. La presencia de un empresario de la construcción en la Casa Blanca y de un ejecutivo petrolero en Foggy Bottom han alterado ese mapa, más en cuanto rutas de navegación y vías de acceso que en cuanto a las fronteras que muestra. El aniversario de Tillerson sirvió para que los medios recordasen cuánto se ha distanciado de las conductas tradicionales y cuánto menosprecia la figura del diplomático profesional. No en las palabras, sino en las acciones.
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