Poco importaron las más de dos horas de espera. El inclemente sol no los derrotó, tampoco la incomodidad de permanecer de pie durante ese lapso. Ni siquiera el hecho de que se acercaba la hora de comer podía disuadirlos de estar ahí. Nadie se movía y cada uno buscaba, en su muy particular estilo, el mejor ángulo para “ver de cerca” al presidente electo, Andrés Manuel López Obrador.
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