El 68, llamado simplemente así, nunca será olvidado. No lo olvidará ni el estudiantado, ni el gobierno de siempre, en una metamorfosis del de Díaz Ordaz, ni los soldados de entonces u hoy, ni el pueblo. A las conmemoraciones del 50 aniversario se suman coincidencias fúnebres, las memorias de Ayotzinapa, de los sismos del 85 y el de hace un año. Agréguese la situación de sangre que vive el país, una ola que es creciente, que no se supo contener y no hubo hasta el día de hoy, que es aún el día de EPN, ni talento ni fuerza ni decisión para hacerlo.
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