Han pasado 50 años y el 68 sigue marcando nuestro presente. Su memoria nos debería llamar a imaginar una economía política de las transformaciones productivas y una política democrática para la inclusión. Las condiciones sociales y políticas que vive la mayoría son precarias y las instituciones necesarias para su protección endebles. Estamos obligados, o deberíamos estarlo, a resolver en democracia los problemas de la pobreza y la desigualdad; a desenterrar, como apuntaba Octavio Paz, semillas de solidaridad:
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