La prudencia, la pertinencia, la planeación y la concordia, en la vida y en la política, son excelentes consejeras, pero lamentablemente, estos valores no abundan, y al parecer, escasean en parte de los que van a gobernar, por estar generando intranquilidad, confusiones y angustias con iniciativas, algunas de ellas erróneas, con declaraciones delicadas y contradictorias, más con las reversas a proyectos en marcha como el aeropuerto de Texcoco, la reforma educativa y quizá la energética; más otras medidas recientes evidentemente desestabilizadoras. Deben imperar raciocinio, aptitud, mesura, madurez, equilibrio emocional y capacidad para dialogar, concertar y llegar a acuerdos y a consensos. No debe haber acciones sin reflexiones, sin la más elemental planeación, y sin prever las repercusiones que las decisiones políticas fundamentales generarán en el ámbito nacional e internacional.
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