Con el avance de la tarde, el frío arrecia. Las cobijas y los suéteres son incluso más preciados que los mismos alimentos. Los espacios para pernoctar y descansar son cada vez más reducidos. Si se necesita entrar al sanitario, conseguir comida o asistencia médica, las filas parecen interminables. Hasta dos horas hay que esperar formado para tener un plato de arroz.
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