Los Órganos Internos de Control (OIC) son –o deberían ser– el primer eslabón de todas las dependencias de gobierno para detectar irregularidades y actos de corrupción, pero no cumplen dicha labor debido a factores como la falta de autonomía presupuestal y las relaciones demasiado cercanas de sus titulares con los funcionarios que en teoría deben vigilar.
de La Jornada: Política http://bit.ly/2HTGdl8
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