sábado, 2 de febrero de 2019

Hugo Aboites*: La compleja educación básica y superior

Cuando con fastidio, se pregunta “¿y ahora por qué protestan los maestros si ya se les concedió lo que pedían (el fin de la reforma, liberación de presos políticos)?”, se olvida que la problemática del magisterio no nace ni termina con una reforma. Cierto: ya no se les despedirá masivamente, ni encarcelará, ni se les disparará si marchan, pero el de los salarios y la falta de democracia son temas históricos y de fondo que no se han querido resolver, ni a nivel superior ni en el resto del sistema. En los años 40, los salarios del magisterio ya se habían reducido en términos reales a la mitad de lo que eran en 1925. Sólo volverían al nivel original casi 40 años después, y momentáneamente, pues al comienzo de los 80 de nuevo caen en picada. El FMI y también el Banco Mundial se opusieron a cualquier aumento recuperador y la “solución” neoliberal en los años 90 consistió en dar aumentos muy altos, pero de forma selectiva y relativamente a pocos (con la denominada Carrera Magisterial, Becas y Estímulos para académicos), pero dejar a la mayoría restante con sueldos deprimidos y hacer uso creciente del trabajo precario de profesores interinos en el magisterio y temporales y de asignatura en la educación superior. Este esquema de extrema diferenciación salarial no sólo redujo costos al gobierno, también permitió una cuestionable distribución de recursos en el interior de instituciones de educación superior. Un académico con el máximo nivel de Becas y Estímulos puede llegar a ganar cerca de 70 mil pesos mensuales (sin incluir la beca del Sistema Nacional de Investigadores y asesorías), mientras que, en el extremo opuesto, un académico temporal gana 18 mil. Y en el magisterio las diferencias –aunque en una escala muy distinta– son semejantes y muchos profesores apenas sobreviven junto con su familia. Llama la atención a algunos el que los maestros cuentan con “hasta 25 programas de apoyo” como descubría el gobernador de Michoacán, pero son parches que los profesores son obligados a aceptar porque se les niegan los aumentos robustos que necesitan. Y también los académicos tenemos una historia similar: en el talón de pago es fácil identificar casi 10 de este tipo de apoyos complementarios: “despensa”, “reconocimiento al trabajo” “beca” “ayuda integral a la familia”. Los brujos neoliberales experimentaron, además, con una descentralización que, paradójicamente, reforzó la centralización de los cacicazgos de gobiernos locales, generó procesos más autoritarios, corrupción, desvíos de fondos, caos administrativo y obligó a la doble negociación (local y federal).

de La Jornada: Política http://bit.ly/2MM5eNU

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