Aun cuando las conferencias mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador suelen estar cargadas de información interesante y, con frecuencia, polémica, este lunes los medidores de explosividad política marcaron uno de sus puntos más altos: por voz andresina, Felipe Calderón Hinojosa fue señalado de practicar acciones que significan conflicto de interés; México fue declarado “país de fosas” por el subsecretario Alejandro Encinas, quien delineó una realidad nacional pavorosa en cuanto a delictividad e impunidad; los padrones asistenciales heredados del peñismo fueron dictaminados como casi inservibles o muy incompletos y cargados de clientelismo electoral, y, para cerrar el cuadro como de preguerra política, el propio López Obrador colocó a la Suprema Corte de Justicia de la Nación y al Poder Judicial de la Federación bajo una enérgica lupa paradójicamente “justiciera”, a cuyos escrutinios podrían producirse denuncias contra resoluciones judiciales que no le parecieran correctas a Palacio Nacional.
de La Jornada: Política http://bit.ly/2WJsTD2
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