En 2011 la tristeza y desesperación estaban matando a María. Sus hijos Raúl y Salvador fueron desaparecidos en Guerrero, en 2008. Después, en 2010, otros dos de sus vástagos, Luis Armando y Gustavo, también fueron víctimas de desaparición, esta vez en Veracruz. María los buscó por todos los medios posibles. Acudió a todas las instancias de gobierno necesarias. Sólo encontró silencio y desprecio.
de La Jornada: Política http://bit.ly/2SEdy8J
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