Mientras las aguas de la política encuentran nuevos cauces, la economía vuelve a advertirnos que por ella misma no tiene por qué cambiar en un sentido favorable para la sociedad y sus capas mayoritarias y más vulnerables. Tampoco, es de esperarse que tal cambio económico vaya a darse de modo automático en consonancia con el portentoso vuelco político que empezó a consumarse en julio pasado.
de La Jornada: Política http://bit.ly/2WDItjF
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