Guaidó debió regresar ayer a Venezuela. Su gira tuvo buena acogida entre los gobernantes sudamericanos, que ya le habían brindado nutridos aplausos por su autoproclamación como “presidente encargado”, en un impúdico alineamiento con la arbitrariedad descarada de Washington. El encargado tiene tanta legitimidad que debió ser acompañado por Kimberly Breier, subsecretaria de Estado de Estados Unidos para Asuntos del Hemisferio Occidental, abriéndole puertas de los gobiernos vasallos.
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