Las disputas difusivas, al llegar a los casi 100 días de que asumió el poder el nuevo gobierno, lejos de amainar se multiplican y hasta encrespan. Los motivos varían según las fuentes emisoras y los intereses que son o se creen contrariados. Tales diferencias surgen sea por las visiones programáticas o sea por los distintos desplantes y voces del Presidente. Se incluyen aquí los desacuerdos que, a veces, alcanzan rispideces notables pero que, con las horas, se apaciguan y tornan pasajeros. Es necesario destacar también la uniformidad que han adquirido, en sus rasgos y sustancia, las muchas criticas que se oyen en el espacio público. Los llamados contrapesos perdidos es, quizá, el principal aliento a la preocupación sistémica. Tampoco desmerecen otros ángulos, como la concentración de poder en la figura presidencial o la centralización de las decisiones. Y, a manera de repercusión electoral, la negativa tendencia, disolvente acaso, de los partidos políticos ahora en la oposición. Se descubren, por estas rutas que, en puntos extremos, esas vertientes bajo crítica pueden catalogarse como atentatorios para la vida democrática de la nación. Pero todo este ambiente de efervescencia bien puede, también y desde otra perspectiva, apreciarse como rasgo de una rica, por plural, actividad política.
de La Jornada: Política https://ift.tt/2SJq0Pr
No hay comentarios:
Publicar un comentario