La crisis ambiental de la Ciudad de México y su zona conurbada ha transcurrido tal como muchos ciudadanos lo preveían, pero las autoridades gubernamentales se tardaron en aceptar y procesar: dosificación escalonada del tráfico automotriz, suspensión de clases en centros educativos de diverso nivel y, cuando menos, medidas restrictivas primarias en ciertas actividades productivas. Bueno, hasta una lluvia verdaderamente providencial se asomó, con levedad en algunas zonas y con intensidad en otras, como si Tláloc se hubiera condolido y hubiese enviado acuosos mensajes de aliento.
de La Jornada: Política http://bit.ly/2Hmp94Q
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