No era de esperarse, pero muchos lo han advertido sin alcanzar mayor eco y volverse voz de la comunidad. El hecho duro y rudo es que, aparte de los avatares de la economía mundial que agitan sin clemencia chinos y trumpianos, la constatación de que sostenidamente deterioramos el entorno nos cubre cotidianamente de malos climas y peores humores, como nos ha ocurrido en estos infaustos días en que de la región más transparente ya ni el nombre parece quedar.
de La Jornada: Política http://bit.ly/2WQc5tO
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