Durante el porfirismo, las principales avenidas de Monterrey se llamaron Unión y Progreso. Las dos ideas de tal nomenclatura formaban el eje ideológico (y urbano) de la dictadura y su propaganda demagógica. La unión y el progreso se mantenían sobre la base de la fuerza militar: la pax porfiriana impuesta en contra de huelgas, elecciones, periodistas críticos, movimientos de disenso. De allí la revolución y el enorme baño de sangre que produjo el golpe militar de los generales adictos al gobierno de Díaz.
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