Durante su paso por el poder, Genaro García Luna buscó y consiguió diversas condecoraciones internacionales, aun saltándose las leyes mexicanas que obligan a cualquier ciudadano a obtener permiso del Senado para poder recibir un reconocimiento del extranjero. Sin embargo, nunca pudo tener el puesto que siempre anheló: la jefatura de la Interpol.
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