El arresto de Genaro García Luna en Texas y su presentación, encadenado de pies y manos, ante una corte, es un hecho político y policial de gran envergadura porque el hombre fue la pieza que articulaba varios de los componentes principales del régimen calderonista: la corrupción gubernamental, la sangrienta estrategia “de seguridad” y laparticipación en ella del gobierno estadunidense. En la génesis de la violencia estructural que se abatió sobre el país de manera profunda y perdurable, García Luna es un factor mucho más relevante que El Chapo Guzmán, porque éste actuó siempre de un sólo lado del fenómeno, en tanto que el ex secretario federal de Seguridad Pública operó en todos: como gestor de los contratistas que hicieron fortunas con el baño de sangre; como administrador de la fuerza del Estado; como protector furtivo de aquellos a quienes se suponía que estaba combatiendo; como encubridor, junto con el entonces procurador Eduardo Medina Mora, de las complicidades estadunidenses con el narcotráfico; como conexión con las organizaciones “ciudadanas” que dieron justificación y cobertura a la masacre –México Unido contra la Delincuencia, Alto al Secuestro, Causa en Común y demás–, y hasta como guionista del discurso mediático que acompañaba las acciones de guerra.
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