A lo largo de su historia la especie humana ha sido civilizada por la naturaleza innumerables veces, mientras ingenuamente pensaba que la estaba “dominando”. Para sobrevivir y aumentar su “control” sobre los procesos naturales, las comunidades humanas debieron hacer más eficientes sus formas de gobernarse, comunicarse y de apropiarse los sustentos necesarios mediante la creación de nuevas tecnologías. La creación del lenguaje o la invención de armas con proyectiles (como el arco o el búmeran) son dos claros ejemplos que permitieron a los conglomerados más antiguos aumentar su población y asegurar sus alimentos. Otro ejemplo notable es la creación de formas de gobernanza más sofisticados que permitieron a la comunidad de regantes, ponerse de acuerdo para aprovechar de manera equitativa el agua proveniente de los deshielos de las grandes montañas. Este hecho, que ha sido constante a lo largo de los 300 mil años de historia de las relaciones entre las sociedades humanas y sus naturalezas, vuelve a aparecer hoy, aunque en una dimensión única, por no decir espectacular o descomunal.
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