Puerto Príncipe. El estallido social que convulsionó a Haití el año pasado fue el más radical, masivo y extenso de los procesos que sacudieron, uno tras otro, a varios países latinoamericanos. Las protestas contra el régimen de Moïse Jovenel por los descomunales escándalos de corrupción, que llegaron al extremo de saquear fondos de la cooperación internacional para paliar la miseria, como en los mejores tiempos de la dictadura duvalierista, desembocaron en un fenómeno que no se vio en ningún otro lugar: el peyi lok, país bloqueado, lo llamaron en creole.
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