Es indispensable desentrañar las rutas y los mecanismos seguidos en México para transferir la riqueza generada por los trabajadores a los dueños del capital durante los pasados 40 años. La proporción con la que repartía el ingreso nacional, alcanzada a finales de la década de los 70 fue, en números redondos, 40 por ciento al trabajo y 60 por ciento al capital. Esta situación estaba todavía lejos de considerarse equitativa o aceptable, pero fue fruto de una tendencia con miras a una sociedad más equitativa.
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