El comentarista empieza a manifestar síntomas de cierta fragilidad existencial. Se pregunta, por ejemplo, si el amor es inculcado y el odio inducido… o viceversa. ¿Se trata de sentimientos “naturales” o hay que verlos desde el “punto de vista” de clase? Y si el orden de los factores no altera el producto… ¿da igual que ambos verbos precedan a la acción?
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