Los consejeros que serán nombrados desde el poder actual los apadrina un irrefrenable afán de captura: la institución (Instituto Nacional Electoral) en riesgo inminente. Esta ha sido la cantaleta esparcida por todo el ancho y profundo sistema establecido del anterior oficialismo ( panpriísta) aliados, compañeros de viaje y voceros difusivos. A los morenos –AMLO incluido– les incomodan organismos independientes, afirman con tozudos argumentos. Para esterilizar tan aviesa pretensión, el mismísimo consejero presidente, Lorenzo Córdova Vianello, maniobró, junto con otros consejeros afines, para capturarlo para su seguridad y para la de su feligresía. Con tan eficaz, celosa y bien intencionada acción –sin duda, también alegarán democrática– serruchó toda base de sustentación de legitimidad remanente. Los defensores han quedado mancos en su argumentación descalificadora. La preventiva maniobra revela, a las claras, el descarado propósito de prolongar, en el mando interno, al grupúsculo ahí enquistado desde hace años. Contar con una secretaría general afín es fundamental para el manejo completo.
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